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lunes, 17 de abril de 2017

Soledad Areales, una feminista del siglo XIX con dos pares de c.....

La feminista que fue apartada de la docencia

Soledad Areales Fue suspendida de empleo y sueldo por sus ideas y fue afín a los grupos que se constituyeron en Madrid y que buscaban dar un giro radical a la educación femenina

La feminista que fue apartada de la docencia

La feminista que fue apartada de la docencia

PILAR BARTOLOMÉ09 Abril, 2017

Soledad Flora Areales Romero, nació en Villaviciosa, Córdoba, en 1850, en el seno de una familia numerosa modesta, pero ilustrada, pues sus padres, Rafael Areales y Carmen Romero, eran maestros librepensadores, (su segundo nombre le fue impuesto en honor de la feminista utópica francesa Flora Tristán). Sus diez hijos seguirían sus pasos en la docencia, a excepción de un procurador y un militar.

Comenzó a estudiar Magisterio con 22 años, una vez muerto el padre, en la todavía joven Escuela Normal Femenina de Córdoba, carrera con la que busca ganarse la vida de forma autónoma. En ese tiempo se trasladaron todos a Córdoba y abrieron una industria de fideos, en la que ayudaban los jóvenes, para mantener a la extensa familia que tenía a su cargo. Llegó a ser maestra de una escuela de niñas en Villa del Río desde 1877 a 1909.




Escritora influida por las ideas republicanas -militó en Unión Republicana-, las reflejó en numerosos artículos periodísticos publicados en los semanarios librepensadores La Luz del Porvenir y en Las Dominicales de Libre Pensamiento y La Conciencia Libre, fundados y dirigidos por Ramón Chíes y Belén Sárraga, respectivamente, de los que fue colaboradora. Firmaba sus escritos con el seudónimo de Una Andaluza y posteriormente con su nombre.

Colaboró con la Sociedad Anarquista de Obreros Los Amigos del Progreso. Junto a Belén Sárraga y otras librepensadoras de las llamadas juramentadas, se comprometieron a fomentar la educación racionalista y a formar una opinión pública favorable a la emancipación de la mujer. En línea con la Institución Libre de Enseñanza, vio en la instrucción el instrumento de redención social de clases desfavorecidas.

A la muerte de su hermana pequeña, María, organizó el primer entierro laico, con música, multitudinario y fuera del seno de la Iglesia Católica. Como ocurrió con otras actuaciones suyas, ésta no gustó al vicario de Villa del Río Manuel Parra, quien confió en convertirla y acabó acosándola hasta que ella le declaró su ideal abiertamente.

Las denuncias calumniosas del Ayuntamiento cordobés de Villa del Río dieron los argumentos para propiciar su linchamiento moral y profesional. El vicario escribió al Obispado acusándola de haberse confesado no católica y de escribir artículos y versos anticlericales. En agosto de 1899, el alcalde y presidente de la Junta Local de Instrucción Primaria del pueblo, refrendado por el nuevo párroco, Isidoro Osuna, firmó un documento de cese de empleo y medio sueldo. Es el primer expediente. El segundo fue en 1905 y, finalmente, su separación definitiva de la enseñanza se produjo en 1909, tras la sentencia del Tribunal Supremo, bajo la acusación de no enseñar la moral y religión católica.
Estos expedientes ocultaban otras causas subyacentes: la militancia activa y su relación con grupos masónicos, republicanos y librepensadores, de lo que son ejemplo su intercambio epistolar con Nicolás Salmerón -presidente de la Primera República-, su amistad con Ramón Chíes -organizador (con otros) del Congreso Internacional de Librepensadores de Madrid (1892)-, su pertenencia a la Agrupación Republicana Socialista Germinal, y la estrecha amistad que la unió a Belén Sárraga, propagandista, librepensadora y masona promotora del núcleo de Málaga.

Fue afín a los grupos que a partir de 1871 -año en que se funda en Madrid la Asociación para la Enseñanza de la Mujer- buscaban dar un giro radical a la educación femenina sacándola de la concepción teocéntrica tradicional para dirigirla por la vía del laicismo que se enfrentaba evidentemente a una educación neocatólica.

Perteneció a ese grupo de incipientes feministas librepensadoras que vieron en el ejercicio de su misión educadora el fin para dignificar a las mujeres, sacarlas de la esclavitud y convertirlas en compañeras del hombre.

Sus incontables recursos, las pruebas y acusaciones falsas contra ella, las adhesiones de la Asociación Cordobesa de Amigos del Progreso, de padres de alumnas, de Belén Sárraga y de una veintena de masones, con 140 firmas a su favor. Todo fue en vano. Debido a sus ideas fue apartada de la docencia.

Fue mujer más de acción que de creación artística. Circunstancias diversas han hecho que la mayoría de sus escritos fueran destruidos y los que se conservan aparecen desperdigados en revistas y semanarios. Escribió unas memorias, El Calvario de una maestra, pero éstas y sus correspondencia con Salmerón y Sárraga fueron destruidas por un familiar en la posguerra.