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martes, 6 de noviembre de 2007

Derroche de arte flamenco con el Cordobán


06/11/2007 FRANCISCO DEL CID
CORDOBAN FLAMENCO
Lugar: Gran Teatro de Córdoba
Día: sábado, 3 de noviembre
El Cordobán, que auspicia la activa Asociación de Artistas Flamencos de Córdoba, es una cita anual obligada que este año, con merecimiento, ha recibido la Peña Flamenca Luis de Córdoba. La guitarra, que goza en Córdoba de una situación privilegiada, abrió la noche con un recital de Rafael Trenas con el añadido de un violonchelo, que se sumó, en la segunda intervención por tangos, a un conjunto de 8 músicos. Gran generosidad de trémolos, acentuada en la granaína, toque apto para incluir retazos de música clásica como Recuerdos de la Alhambra , de Tárrega, con respuesta positiva del público.
Juan Antonio Camino, el joven cantaor villarrense, con otra guitarra de solidez como la de Luis Calderito, pide paso en el difícil entramado del flamenco. Su juventud y fuerza en la vidalita, la soleá y las alegrías, reclama una cierta atemperación expresiva, y una contención en algunos pasajes de la reciedumbre de su cante. Rafael Ordóñez hizo una propuesta escénica con dos guitarras de lujo: Antonio de Patrocinio Hijo y Niño Seve. Los cantes de Levante que no suelen admitir el doble acompañamiento guitarrístico desbarataron este principio con la compenetración musical de estos dos talentos, que envolvieron con sus tonos y falsetas la voz poderosa y rotunda del veterano cantaor que, al igual que en los caracoles y en las bulerías, ésta de resuelta invocación lorquiana, y ya con el apoyo de las inigualables palmas de el Mori y Farinas, demostró que la pérdida de facultades por el tiempo no va con él. En esa línea estuvo Antonio de Patrocinio, que, con la portentosa guitarra de su hijo, mostró su perfil más relevante, que lo ha convertido en uno de los más firmes representantes del cante cordobés.
Alegrías, seguirillas y fandangos, y de éstos, interpretando una letra sin apoyatura megafónica, que levantó al público de sus asientos. El Séneca, fiel a su línea, se gustó y gustó en la soleá y en los tangos y en las malagueñas que terminó con cantes abandolaos. Y en el baile, Lola Pérez, una de las mejores embajadoras jóvenes de Córdoba. Supo llenar el espacio escénico con su soleá, valiéndose del mantón dibujando arabescos de belleza y conjugándolo con la bata de cola en una estampa que rastrea nuevas geometrías en las estilizaciones de su figura.